dimecres, 14 de setembre de 2016

GRITO DESESPERADO POR LA PAZ




CUANTA LLUVIA HA DE CAER

Cuanta lluvia ha de caer aún
sobre tantos corazones que duelen,
están dolidos, están sangrando,
 en la voz de Antonio Gamoneda,
en su poema que destila belleza y dolor.
 Pone voz a tantos corazones
 que todavía no descansan en paz  y lloran, y lloran...
y esperan la lluvia para mitigar su dolor,
 un dolor hondo, muy hondo...
cómo se siente, cómo de oye su dolor...
Son como gritos que despedazan el aire,
 cómo se siente su sed, tanto
 que la boca se convierte en estropajo,
 y la de tantas gargantas sedientas
de justicia, también de venganza amarga,
de vergüenza ajena, por la desidia,
 y la muerte de tantas almas inocentes
qué deseo tan profundo de esa lluvia anhelada,
que todo lo va a convertir en paz y en calma,
una serenidad ansiada, una justicia justa.
Qué la lluvia borre la maldad que no se olvida
 de tantas vidas rotas, destrozadas...
 Duelen más que la propia muerte.
Y qué la moche sea lluvia para aplacar
la rabia que sienten esas manos que escriben,
esos dedos que guían la pluma o el lápiz...
esa mente que no puede olvidar,
el dolor está en el recuerdo, en la historia
que se vive entre ríos de sangre y se escribe.
 Cómo se escribe?
Si los muertos no hablan ni escriben.
Siempre queda alguien que sobrevive,
 más muerto que vivo y lo cuenta
 y crea belleza, poesía, literatura.
Con hechos reales y cruentos, estrellados,
maltrechos, despojos que aún sienten.
y respiran y explican. Y la lluvia caerá
 como aspira el autor del poema,
para limpiar y refrescar el ambiente,
 para poner lejanía a los recuerdos,
 para lavar y curar las heridas
y con el tiempo solo sean cicatrices.
Para que otras mentes en el futuro
 recuerden y se estremezcan…
¿Tanto dolor, tanta sangre
de tantas vidas derramadas,
sirven para algo? Para nada…
Y la lluvia cae y caerá para limpiar
los corazones sucios de maldad,
y las almas emponzoñadas de miseria
 y negrura les asome un poquito de luz,
no de candil, ni de quinqué, luz que emane
 del interior de la mente humana,
para llevar el título de humanos .
Y la lluvia refrescará nuestros ojos
y ya no han de llorar…
Ni de tristeza ni de rabia ni de dolor,
si acaso de alegría al ver que la lluvia cae
 y los mares suspiran, los campos sonríen…
y nos ofrece sus frutos dulces,
 para endulzar nuestros labio
y suavizar las tormentas
que todavía suena en el corazón
y en el alma y luzca un sol nuevo,
para traspasar la lluvia suave que al fin cae,
haciendo salir el arco iris que alguien dijo
que es "la bufanda del cielo"…
Glòria Fandos